Mi introducción al Diseño
Actualizado: 10 abr 2025

Desde siempre, he sido una apasionada del dibujo y del mundo creativo. Desde muy pequeña, pasaba horas encerrada en el despacho de mi abuelo dibujando, incluso en el colegio, la mayor parte de mi atención se desviaba a abrir la libreta por el lado contrario para llenarla de cualquier cosa que en ese momento cruzase mi cabeza. Como se puede esperar, era la primera en la clase de plástica, y aunque muchos profesores alentaban esta faceta que consideraban particular, muchos otros tenían un pensamiento critico y contrario de que no podía depender solamente de esta "sensibilidad especial por el arte", como ellos llamaban, de cara al futuro y al mundo laboral.
Conforme pasaron los años, el cerco que estrechaba mi marco de estudios, se hacía más y más pequeño, y debo decir, que en aquel momento en que se mete prisa a los adolescentes para que busquen un único camino y lo sigan hasta el final, llegaba. Simplemente sabía que me gustaba dibujar, y que quería estudiar la carrera de bellas artes. Tenía sentido para mi, dibujar significaba acabar haciendo esa carrera, nadie en el centro donde estudiaba veía otra salida. Y aunque todos sentenciaban mi futura vida viviendo debajo de un puente, ahora veo bastante claro que tenia una visión muy pequeña de todos los caminos a los que podía llegar. Ahora mismo conozco el mundo del diseño, y estoy segura que de haberlo conocido antes como tal, me habría ahorrado ansiedades y planes sobre formas absurdas de alargar mi formación para no llegar nunca al mundo laboral, ya me veía perdida y sin otro propósito que ser profesora de plástica, o acabar alquilando un local para enseñar a dibujar a ancianitos.
Pero siempre recordaré uno de mis primeros días en segundo de bachillerato. Y es que, nos preguntaron que qué haríamos después de estos estudios. Una compañera dijo la palabra que me abriría los ojos: Ilustración. Ella quería estudiar ilustración. Y desde el momento en que busqué qué era la ilustración y a dónde me iba a llevar, yo también quería estudiarla.
Acabé los estudios y conseguí matricularme en una escuela que ofrecía varios ciclos, entre ellos, ilustración y diseño gráfico, y aunque son cosas totalmente distintas, y con márgenes separados, comparten muchas cosas. Estudiar ilustración me abrió un abanico de posibilidades más grande de lo que habría logrado estudiando una carrera, ya que de forma más práctica que teórica, introduje fundamentos bases dentro del mundo del diseño y perfeccioné técnicas con las que poder expresar mi parte artística. Me inspiré en muchos artistas, conocí a otros muchos y sobre todo encontré unos compañeros con los que me sentía como en casa. Pero entonces, en dos años, conseguí mi título. No veía una salida laboral clara. hasta ahora incluso había adorado la posibilidad de dedicarme a la ilustración editorial, pero la desilusión de lo que ello acarreaba no se ajustaba a mi: ser autónoma, buscar clientes, tiempos de entrega ajustados... Me había desencantado con todo.
Asique la ansiedad por la búsqueda del trabajo perfecto para mi, hacía mella. Mientras mis compañeros podían permitirse seguir estudiando porque sus padres podían pagarlo, yo llevaba dos años independizada con mi pareja y tenía lo justo para vivir. Trabajaba en una pequeña panadería para ganarme un sueldo, pero nunca sería suficiente para postergar la salida laboral inflando aun más mi currículum con estudios superiores y grados. Asique simplemente hice lo que cualquier recién graduado haría, trabajitos del ámbito estudiado a familiares directos, no tan directos y conocidos.
Y entonces me asaltó la infinita duda. ¿Me habría equivocado estudiando ilustración? ¿Habría sido diferente si hubiese estudiado diseño gráfico? En aquel momento ni siquiera sabía qué era el diseño. Y sin embargo una vez lo supe, no pude dejar de verlo en todas partes. Incluso en lo que yo hacía.
Conseguí un trabajo dentro de un estudio indie de videojuegos en Sevilla más tarde, allí pude desarrollar pequeños videojuegos haciendo valer mi arte y mis dibujos junto a unos compañeros geniales. Y entonces, nos llegó un encargo que cambió del todo mi chip: crear una aplicación móvil. Se escapaba algo de nuestro ámbito, pero aun así, realizamos un gran trabajo. La parte que me correspondió a mi, fue el diseño de la interfaz, y es que aunque nunca antes había diseñado una interfaz tan seria y tan pensada y estudiada, fue un trabajo que me encantó. Simplemente diseñar un menú, botones, y cómo disponerlos y para qué, introducirme en la mente del usuario fue increíble.
Descubrí entonces una rama del diseño de la que nunca había oído hablar: Diseño de experiencia de usuario y Diseño de Interfaz, y decidí que eso era lo que quería, dedicarme tanto al Diseño Gráfico, que ya era mi pasión, y dedicarme en cuerpo y alma a mi nuevo amor, las el UX/UI.



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